martes, 27 de noviembre de 2012

Obsolescencia



Le sirvió el wisky y se sentó junto a él. Le encantaba contemplarlo embelesada mientras elaboraba sus  rápidos bocetos sobre cualquier papel que encontrara. Mientras, le iba explicando muy concentrado,sus ideas sobre ellos. Todo le parecía bien, aunque no entendiera demasiado. Al fin y al cabo, él era el artista reconocido. ¿Qué sabía ella de luces, tonos y contrastes; pigmentos y acrílicos? Era la estrella invitada y lo adoraba. Participaba desde el principio en el proceso creativo de su compañero como una musa llegada desde cualquier pliegue de su brillante cerebro. Sabía que eso tenía un precio: sumisión total y absoluta a su voluntad, aunque no le importaba. Seguiría siendo la inspiración de su obra, mientras la fascinación  que él sentía por sus curvas durara.

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